
En la noche de los Premios DT, elcomercio.pe juntó a dos amigas, dos campeonas mundiales, dos mujeres que le han dado más de una alegría al país. Ahí, vestidas de gala, ambas devolvieron toda su sencillez. Kina y Sofía nos dieron un premio al mostrarnos toda su amistad.
Todo empieza con un relato de infancia de Kina: “Me acuerdo de cuando íbamos con Sofía al norte, con mi papá y su familia. Nos íbamos en tres carros. Nos íbamos a correr morey, a chapotear en el agua. Después Sofía se puso a correr tabla y yo la veía. Me dieron ganas y empecé a correr en el norte. ¿Sofi, tú dónde empezaste?”.
La pregunta fue respondida de inmediato: “Yo en Punta Hermosa, pero en el norte también. Fuimos rivales cuando éramos chicas. Éramos rivales y amigas a la vez. Yo la veía correr y se metía como tres horas. Mi mamá me decía: “Kina está en el agua, métete ahorita y coge olas más grandes”; recontra competitiva, pero éramos más que nada amigas”.
AMIGAS Y RIVALES
Kina sonríe y pone esa mirada con la que mataba desde niña a sus contendoras. A todas menos a Sofi. Con ella no podía: “Me quedaba picona. Ella tenía un empuje superior, entrenaba mucho, ganaba, era muy buena y ganaba”.
—No, no. Kina siempre me ganaba, sino que como yo era chiquita y rubiecita y ella era más grandecita, me hacían ganar a mí para que no me pusiera a llorar. Ja, ja, ja —interrumpe Sofía.
Luego la entrevista empezó a convertirse en diálogo. Sofía y Kina se ven con un “roche” que ya no parecen tener y la boxeadora lanza una confesión: “Mira, no hemos conversado de esto, pero estoy segura de que Sofía siempre supo que iba a ser campeona mundial. Yo no lo supe hasta después. Yo sabía que tenía talento para ser campeona en algo, pero no tenía idea de en qué cosa. Yo no tenía mucha confianza en mí misma. Sofía sí. Siempre la miraba como un ejemplo”. La misma mirada que tiene Sofía Mulanovich para ella.
—Siempre que iba a Australia visitaba a Kina y nos íbamos a comer. Siempre me decía: “Sofi, espérate nomás, yo voy a ser campeona mundial”. Yo también estaba segurísima de que iba a serlo. ¡Claro que tenías seguridad, Kinita!, siempre me decías eso. Kinita suena raro para una campeona del mundo que gana títulos a punta de golpes. También suena extraño que lo diga una corredora de tabla que tiene siempre ese hablar relajado, pero ambas se han visto una a la otra como fuente de inspiración.
AUSTRALIA 2004
Una muestra de ello es que ambas se ayudaron mutuamente a salir de sus momentos más complicados. Kina, por ejemplo, recuerda que el 2004 se enteró del título de Sofía poco tiempo después de acabar la universidad, cuando tenía que decidir si trabajar en el rubro que había estudiado o dedicarse a lo que realmente quería. La campeona de box traduce eso en una frase: “Yo dije: “Voy a ser como ella””. Y ahora lo es. A comienzos de ese mismo año, la carrera de Sofía fue salvada por Kina y por una amiga, en un restaurante de comida japonesa en Australia: “Me había ido pésimo en un torneo, en el Gold Coast. Salí con Kina y me empezó a decir un montón de cosas que me hicieron pensar y te juro que me cambió la mente”, cuenta Sofi. Malpartida, en tanto, encuentra una explicación para esa extraña fortaleza que ambas han aprendido de la otra: “Cuando te vuelves campeona el mundo te confunde. Se te pega mucha gente, todos te presionan. La cosa es no dejarse. Hay que hacer como Sofía que siempre fue humilde”.
Ahora ya no importa nada. Solo seguir siendo campeonas y seguir queriéndose tanto como ellas se quieren. Eso es lo que queda de la última parte de esta entrevista:
¿Kina, en tu departamento nuevo vas a hacer un “open house”?
Claro, un “open house”, tono para toda la gente y no va a ser.
¿Vas a ir, Sofi?
Claro pues. Le puedo llevar una botella de pisco.
¿Y aprovechando que estás acá van a salir a correr?
Claro, pero no a hacer “footing”, sino a correr olas.