Luis Yupanqui / Revista Rumbos

¿Has escuchado a los pajaritos?, me pregunta Elizabeth mientras se acerca a la ventana. ¡Mira, hay un nido cerquita!, me acerco y confirmo, detrás de nuestro búngalo crece un eucalipto y a la altura de la ventana un pajarito canta mientras lleva paja en el pico para construir su nido. Ella sonríe, está feliz y yo la guío a otra ventana desde donde las montañas nevadas Huandoy, Alpamayo y Huascarán amanecen esplendorosos frente a nosotros.

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Llegamos la noche anterior luego de casi todo un día de viaje, y lo primero que presenciamos al despertar en Caraz fue el trino de aquella ave. Los rayos del sol sobre la nieve contemplada desde nuestra ventana del APU ecolodge, donde estábamos alojados, fue la siguiente maravilla.

Un alojamiento que apuesta por la conservación. Foto: Luis Yupanqui

Salimos del búngalo y nos encontramos con Erick Castillo, “quiero que conozcan el lugar, verán que casi todo aquí es reciclado, hemos usado botellas, llantas, botas, corchos, todo aquí tiene utilidad“. Erick habla con pasión mientras ingresamos a su biohuerto: “cosechen si desean, aquí hay fresas y moras para su desayuno o si quieren por aquí tengo lechugas, ajíes y tomatitos cherrys para la ensalada de más tarde”. Eli y yo no salimos de nuestro asombro.

Erick nos cuenta que hace diez años su esposa, Tatiana García, y él tuvieron la idea de comprar un pequeño terreno, para construir una casa de campo, un lugar que les sirviera de escape a sus actividades cotidianas como consultores de organismos internacionales para desarrollo rural. Por ello, cuando se les presentó la ocasión de adquirir un lugar mucho más grande de lo que tenían planeado, lo hicieron sin pensarlo dos veces.

Un mundo de maíz. Foto: Luis Yupanqui

El primer búngalo fue de adobe y apenas lo terminaron invitaron a los amigos a que los visiten, la hospitalidad de ambos y lo maravilloso de Caraz hizo el resto. La publicidad boca a boca consiguió que el proyecto familiar se convirtiera en un lodge ecológico. Actualmente cuentan con dos búngalos de adobe, dos de madera y cuatro de cemento, cada uno de ellos lleva el nombre de un nevado.

Tomamos desayuno con panes calientitos y huevos de corral, escuchando a los gansos que en fila van al estanque donde nadan pequeñas truchas, no es una piscigranja, estas truchas no reciben alimento balanceado, así como tampoco sus pollos, gallinas y cuyes. Todo se autosostiene. Suena una campana y Erick nos invita a una caminata hacia el río, es un trecking sencillo que nos lleva por sembríos de frutas y flores, principalmente claveles que se cultivan para la exportación.

Un encuentro con la naturaleza. Foto: Luis Yupanqui

La empresa familiar combina el hospedaje con la producción de berries, han sembrado fresas, frambuesas, aguaymanto, moras y arándanos. Estos últimos no son muy conocidos, pero significan casi la totalidad de la producción del terreno. El lugar es espectacular, tres hectáreas de cultivo orgánico, búngalos rústicos, biohuertos que puedes utilizar para preparar tus alimentos y una hospitalidad increíble con caminatas y turismo vivencial en las actividades productivas de la zona.

Erick se despide por un rato, recordándonos que por la noche habrá parrilla y pizza, recordándonos también “que todo es orgánico y natural”. APU Ecolodge, un lujo que empezamos a conocer.

Áncash siempre regala hermosas estampas a los viajeros. Foto: Luis Yupanqui

En Rumbo

Dónde:  Calle Jabón Rumi s/n Caraz, ciudad localizada a una hora de Huaraz, la capital de Áncash,  a ocho horas de Lima.

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