El consumo excesivo de ácido fólico duplica el riesgo que el bebé padezca trastornos

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Quieres quedarte embarazada y tu médico te receta ácido fólico, componente necesario para el crecimiento celular.
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Lo consigues, y no lo tomas, pues también tu ginecólogo te lo aconseja para mejorar el desarrollo neurológico de tu feto, porque, te dicen, que su carencia lleva a malformaciones en el bebé y problemas neurológicos.

Esta ha sido siempre la creencia. Cualquier mujer que sea o desee ser madre ha oído hablar de este componente, conocido también como vitamina B9. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud es que “todas las mujeres, desde el momento en que comienzan a intentar quedarse embarazadas hasta las 12 semanas de la gestación, deben tomar suplementos de ácido fólico (400 μg de ácido fólico al día)”.

Pero a pesar de estas recomendaciones, una nueva investigación realizada en la Universidad de Hopkins (Baltimore, Maryland) añade un dato preocupante. Los autores de este nuevo estudio concluyen que consumir mucho ácido fólico puede aumentar los riesgos para el futuro pequeño de padecer autismo. Exactamente los investigadores hallaron que si una madre tiene un alto nivel de folato -vitamina B que se encuentra principalmente en frutas y verduras- en sangre, justo después de parir -como cuatro veces más del recomendado-, el riesgo de que su hijo padezca un trastorno del espectro autista (TEA) es el doble con respecto a aquellas madres que tienen unos niveles normales de este componente. Así mismo, aquellas que tienen altos niveles de B12 triplican el riesgo a desarrollar un TEA. Si tuvieran los dos factores muy altos, esta predisposición aumentaría 17,6 veces, explican en un comunicado. Este trabajo se presenta esta semana en el Congreso Internacional de Autismo y Trastornos del Desarrollo 2016, que este año se celebra en Baltimore.

La muestra para la investigación fue de 1.391 madres que dieron a luz entre los años 1998 y 2013 y se les hizo seguimiento. Los resultados indicaron que una de cada 10 tenía niveles excesivos de ácido fólico y 6 de cada cien presentó niveles altos de vitamina B12. Los autores señalan como causas tomar demasiados suplementos vitamínicos o que algunas mujeres están genéticamente predispuestas a la absorción de mayores cantidades de folato, un metabolismo más lento o una combinación de ambos.

“Tomar dosis adecuadas de ácido fólico tiene un efecto protector”, tranquiliza la doctora M. Daniele Fallin PhD, directora del Centro Klag Wendy para el Autismo y Problemas del Desarrollo, en el mismo comunicado. “Durante años, hemos creído que una deficiencia de este componente en mujeres embarazadas era perjudicial para el desarrollo del feto. Con este estudio, también hemos descubierto que cantidades excesivas también producen daño. Hay que conseguir el equilibrio”, añade. “Hay que hacer más estudios a este respecto, al fin de determinar cuánto ácido fólico debe consumir una mujer durante el embarazo para presentar niveles óptimos de folato en sangre que aseguren la salud de su descendencia”, concluyen.

Los TEA se definen como trastornos del neurodesarrollo que se manifiestan habitualmente en los tres primeros años de vida de un niño. Los bebés con el trastorno pierden el contacto visual, en ocasiones parece que no oyen y tienen algunas hipersensibilidades o cogen rabietas excesivamente fuertes. Una conducta muy característica de los niños aquejados por este trastorno son los comportamientos repetitivos. No se conocen las causas de estos trastornos, aunque parece que existe una mezcla entre componente genético y el entorno.

Según la OMS, 21 de cada 10.000 niños que nacen en el planeta padecen autismo, cifras que llevaron en 2008 a declarar el 2 de abril como el Día Mundial de esta enfermedad. Ya en Estados Unidos, uno de cada 68 niños nace con autismo. El trabajo se presenta esta semana en el Congreso Internacional de Autismo y Trastornos del Desarrollo 2016, que este año se celebra en Baltimore.

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